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SIXTO PAZ WELLS :: LOS MISTERIOS DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

Después del tiempo transcurrido, consideramos que estamos viviendo la época que se nos anunció que llegaría: el momento mas espectacular de la historia humana; el momento de las grandes definiciones; el momento de un renacimiento colectivo; del final de nuestra adolescencia planetaria.

Es ahora cuando debemos tomar decisiones que nos permitan alcanzar una juventud responsable, o desaparecer en el intento. Todo esto como parte de un anunciado “Parto Planetario” o nacimiento colectivo, lleno de dolor pero también de esperanza, en la figura de la Madre Cósmica, o la Madre Tierra, Virgen Negra, Mamapaccha, Pachamama, Cuatlicue, Tonatzín, Guadalupe, etc., nos señala el camino que consiste en el cambio de actitud frente a la vida y a nosotros mismos.

Para prepararnos para este Parto Planetario debemos primero entrar en lo más profundo de nuestro interior (la matriz), como en un laberinto para vencer a nuestro monstruo interior. La clave es llegar a ser capaces de fecundar lo esencial en nuestra alma, que es la esperanza (optimismo) haciéndola crecer, fortaleciéndola, para luego ser capaces de un despertar a la vez que un nacimiento nuevo colectivo que traiga vida y esperanza no solo para nosotros sino para buena parte del Universo conocido que está íntimamente ligado a nuestro pasado y futuro, y que se encuentra a la expectativa, esperando lo que les podemos enseñar, ya que todos podemos aprender mutuamente, unos de otros, porque nadie se las sabe todas.

Una de las claves para éste tiempo está en el llamado “Giro del Tiempo” o “Sincronización de los Tiempos”, anunciado por los Mayas al final del quinto ciclo o período de oscuridad; que sería a su vez para el mundo andino de los Incas, el final del Pachacuti (una Edad o Ciclo) y el inicio del Sexto Sol, según los Aztecas, que correspondería al momento actual.

El giro del tiempo es el contacto con otra realidad, representada por la búsqueda de respuestas más allá de las estrellas y en nuestro propio corazón. El Giro del Tiempo es la oportunidad que nos da la vida de conseguir un despertar colectivo, entrando conscientes en un flujo de extraordinarias energías cósmicas, agentes de grandes transformaciones.

El Giro del Tiempo es también, el conocimiento de que estamos viviendo en una realidad paralela a la de los Visitantes del Espacio; en una suerte de tiempo alternativo o paradoja espacio temporal creada a partir de la capacidad (tecnológica, vibratoria y mental) que poseen los Maestros del Cosmos, como para viajar (previa autorización superior) a través de pliegues cósmicos o túneles interdimensionales, que modifican entornos afectando allí donde la naturaleza no llegó a concretar la vida por sí misma.

Por tanto, podemos afirmar que las profecías no nos hablan de un fin del mundo, sino de un “Final de los Tiempos”; y para que haya un final de los Tiempos, debe de haber más de un tiempo. Así que a lo que nos estamos acercando, es a la reconexión o sincronización de nuestro tiempo con el Tiempo Real del Universo, que es aquel en donde moran un sin fin de civilizaciones altamente desarrolladas, expectantes como dije, de nuestro proceso.

Hoy se van desentrañando las claves simbólicas que señalan el momento presente como el tiempo en que los velos son descorridos. Una de esas claves muy importante es la de la imagen de la Virgen de Guadalupe como códice profético que nos habla de la Era de la mujer y del embarazo planetario.

Coincidentemente, en pasadas elecciones presidenciales en México, el candidato de la oposición, Sr. Vicente Fox, acudió hacia el santuario del Tepeyac para agradecer a quien es considerada la patrona de México y de las Américas: “Nuestra Señora de Guadalupe”, por sus bendiciones que le permitieron hacerse del mando de la nación azteca.

Este gesto que pareciera un ritual sin importancia y casi folclórico, es más trascendente de lo que uno pueda imaginarse por cuanto es un despertador, debido a que los arquetipos empleados tienen que ver con los patrones manejados en la cosmovisión del mundo prehispánico, que se encuentran más arraigados en la gente de lo que uno se podría imaginar, y en donde abundan las profecías y anuncios de un tiempo nuevo, con grandes cambios.

La imagen de Nuestra Señora de Tepeyac, o la Virgen de Guadalupe, apareció primero el 9 y luego el 12 de Diciembre de 1531, en el Cerro del Tepeyac (México), cumpliéndose así la profecía que estaba anunciada en el mundo Nahuatl, donde se aguardaba la presencia y manifestación de la diosa madre “Cuatlicue”; que si bien es amorosa, suele ser a la vez monstruosa, por cuanto devora a su creación (desastres naturales). La aparición supuso el encuentro de la recién conquistada cultura mexica con un elemento que sería el nexo necesario en el proceso de transculturización, que permitió el que el tránsito no fuese más doloroso ni traumático de lo que fue, por cuanto una buena parte de las creencias antiguas no desaparecieron, sino que quedaron encubiertas en el reciente impuesto culto cristiano.

Y la amalgama perfecta fue “Tonanzín Tlalli”, “la mujer sol-tierra” o “María Guadalupe”. Pero lo más extraordinario, es comprobar que 1500 años antes, esto había sido anticipado en el capítulo doce del Libro del Apocalipsis.

La reiteración de la clave del doce en la imagen de la Virgen, como son las doce estrellas sobre la cabeza de la mujer; las doce personas reflejadas en cada córnea de los ojos junto con Juan Diego, además, la presencia de la Luna bajo sus pies (la palabra México en Nahuatl significa “en la mitad de la Luna”) y las estrellas del manto que según los científicos no son un mero adorno, sino la exacta disposición del cielo tal como se vería desde el espacio en esa fecha del 12 de Diciembre de 1531, se relaciona con la comunidad, con el apostolado, el movimiento cíclico, con el simbolismo de la prueba y con la oportunidad de traducir todo lo aprendido haciendo uso de la magia del Amor como fuerza transformadora.

Todas estas coincidencias son determinantes como para señalar que en la visión del evangelista, se estaba profetizando el tiempo del nacimiento de la humanidad a un estado de conciencia diferente en el simbolismo de la aparición de la mujer vestida de sol y que ella no es otra que la imagen de la Virgen de Tepeyac.

Otro detalle importante es que la imagen de la Virgen de Guadalupe lleva una cinta negra sobre el vientre que es el símbolo del embarazo nahuatl, que representa el avanzado estado de gestación de la Madre Tierra, que debe dar a Luz a una Nueva Humanidad, trayéndonos un Tiempo Nuevo y una Tierra Nueva.

Vemos que los símbolos del águila, la serpiente y el desierto que menciona el Evangelio de San Juan en relación a la mujer vestida de sol (Ap. Cap. 12) están en el escudo de México (el águila comiéndose a una serpiente sobre un nopal). Por lo que nuevamente nos encontramos con la confirmación de que se nos está hablando de la Virgen de Guadalupe de México. La Diosa Madre resultó siendo vital por su carácter conciliador, y que garantizó – como dijimos – el fin de la violencia, que de haber continuado, hubiese significado la desaparición definitiva de la raza indígena aborigen.

Con estas claves que hoy podemos entender y aclarar, y que están saliendo a la luz, se están produciendo sobre todo el territorio de México la oleada de avistamientos ovnis más impresionante que se haya registrado sobre país alguno, coincidiendo a su vez con

importantísimas crisis sociales, por lo que podemos asegurar de que estamos viviendo a pasos agigantados una “Cuenta Regresiva”, que nos conducirá inexorablemente al tiempo del “Parto Planetario”, con todas las consecuencias de lo que esto significa: Un Parto espectacular e irreversible, pero que requiere de cuidados como para que la criatura (La Nueva Humanidad) pueda llegar a través de un feliz alumbramiento y sobreviva a la acechanza de aquellas fuerzas que han venido conspirando hasta hoy, temerosas del potencial humano; de nuestros posibles alcances y de las consecuencias de éste momento.

(Extraido del Libro El Parto Planetario…El final de la Cuenta Regresiva…págs 20,21,22 y 23)